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1) Borges y Adolfo Bioy Casares; 2) María Kodama. Foto: Pablo Corradi

 

María Kodama: “Bioy es el Salieri de Borges, que lo consideraba un cobarde”

NUEVA YORK.- María Kodama dice que nunca usó maquillaje. Ni cuando tenía 15 años ni ahora, a los 75. “Tampoco uso anteojos y soy miope”, dice, en el jardín del Instituto Cervantes, en Manhattan. “Si te sentás ahí, ya no te veo.” Le gustan, explica, las cosas naturales, sin artificios. Esto incluye las ensaladas, que come sin aderezos. ¿Aplica estos principios a otros ámbitos, como el arte o la literatura? No lo sabe, responde, pero cree que le vienen de su mitad japonesa. “En realidad, creo que más de la mitad de mi forma de ser es japonesa.”

Quizás esta sensibilidad por las cosas “naturales”, sin aderezos ni maquillajes, incluya su costumbre de decir las cosas de manera directa, a veces brutal. “No soy hipócrita”, explica. Parte de su energía reciente ha estado dedicada a defender a su marido del retrato que sale de él en las más de mil páginas de Borges, los diarios de Adolfo Bioy Casares donde se ve a un Borges a veces chismoso, esnob o malvado. En el jardín del Cervantes se referirá a Bioy como un “desecho humano”.

Kodama se casó con Borges dos meses antes de su muerte, en 1986, y desde entonces se ha transformado en la villana favorita del mundo literario porteño. Su versión de los hechos es que hay un pacto entre la prensa y unos pocos críticos para retratarla como a una desalmada oportunista y disputarle la autoridad moral sobre la obra de Borges. La versión de sus críticos es que Kodama ha manejado el legado de Borges con mano de hierro y poca generosidad, impidiéndole conversar con nuevas generaciones de escritores. En dos casos recientes, Kodama demandó a un escritor argentino (Pablo Katchadjian) y a otro español (Agustín Fernández Mallo) que habían publicado obras propias basadas en obras de Borges. Katchadjian había querido “engordar” El aleph y Fernández Mallo había hecho una remake de El hacedor. Ambos libros están fuera de circulación.

Ahora Kodama está en Nueva York presentando “El Atlas de Borges”, una muestra de fotos tomadas casi todas por ella misma sobre sus viajes con Borges. La muestra se presentó por primera vez en Buenos Aires, en el Centro Cultural Recoleta, en 2006, y ahora recorre algunas de las ciudades donde fueron tomadas esas fotos. Hasta el 20 de octubre está en el Instituto Cervantes de Nueva York.

-¿Cuál es la diferencia entre Borges y otros escritores? 
-La diferencia está, aunque les duela a muchos, en que hay gente que es muy buena escritora y hay personas que crean, que tienen otra historia dentro de ellas. Nacen así. Leonardo [Da Vinci] era así. En la época de Leonardo había 200 pintores que eran excelentes, pero Leonardo era único.

-Y Borges era único. 
-Sí, les guste o no les guste. Lo lamento.

-¿Pero a quién no le gusta? 
-A mucha gente, lógico.

-¿Sí? ¿No es Borges unánimemente reverenciado en la Argentina? 
-Yo creo que no es unánimemente reverenciado y tampoco tiene por qué serlo. No creo en la unanimidad de las adoraciones, yo prefiero a alguien más bien polémico que alguien que tenga la totalidad de la reverencia o del odio.

-Hablando de polémico. Sé que a usted esto no le gustó, pero el Borges de Bioy es bastante polémico. 
-Eso no es polémico. Eso es traición. Borges me definió a Bioy una vez con una palabra: “Cobarde”. Ésa era la palabra con la que lo definía.

-¿En general o por algo específico? 
-En general, por cosas que hizo Bioy en su vida y él se daba cuenta de que era un cobarde, algo que, por otra parte, era lo que Borges más despreciaba. Además, si vos mirás las entrevistas de Borges, sólo elogia dos cuentos de Bioy, y esos cuentos fueron recontracorregidos por Borges. Eso Bioy no se lo perdonó nunca. Bioy es el Salieri de Borges. La verdad es la verdad y las cosas como son. Yo te pregunto: ese hombre escribe un libro en el que inventa, distorsiona lo que vos decís o pone en tu boca lo que él no tiene el coraje de decir. Y lo publica después de que vos morís y él también muere (que ya es una cobardía, porque no quiere hacerse cargo). En el otro mundo se encuentran, ¿vos creés que ese hombre es amigo tuyo? Como hombre te pregunto.

-En esas condiciones, no. 
-Son las condiciones en que fueron hechas, según el propio Bioy escribe. Además, ¿qué amigo espera que vos te vayas para contar conversaciones privadas? Porque una cosa es si nosotros tenemos un amigo en común y te digo “Che, qué estúpido que es Fulano”. Pero vos, por el tono de voz y los años de conocimiento que tenemos, te das cuenta de que por ahí lo digo en broma o estoy en un momento malo. Pero si vos lo escribís, negro sobre blanco, sin todo el entorno de lo que significó en ese momento, es brutal. Y si sos una persona sensible y correcta y ética, no lo hacés. Si vos sos un hombre ético, correcto y normal, no escribís una autobiografía en la que ponés nombre y apellido de todas las mujeres que fueron tus amantes, muchas de ellas casadas, arruinando matrimonios, incluyendo la seducción de la propia sobrina de tu mujer. ¿Eso es un hombre? Eso es un desecho humano para mí.

-¿Le molesta que el libro de Bioy no haya sido percibido así? 
-A mí lo que me da muchísima curiosidad… Me gustaría hacer una reunión con la gente que ha inventado todo en los diarios. No como una forma de agresión, sino para entender, porque a mí me gusta entender las cosas. ¿Por qué esta agresión de 26 años movida por seis personas a las que la prensa les presta atención colocando cosas que demuestran el racismo, como por ejemplo mencionando “la piel amarilla”. ¿No sería mucho más sencillo que reconocieran que son racistas?

-Yo no he visto menciones a “piel amarilla”, al menos no recientemente. 
-Yo sí. Recientemente o no recientemente. Tengo todo guardado, absolutamente todo, para que después no me digan “yo no dije eso”. Venga, señor, a mi casa, que yo le muestro. Creo entonces que sería más sencillo si me dijeran “te atacamos por esto y esto y les prestamos oído a seis desechos humanos”, porque somos racistas. Ok, yo lo entiendo. Ésa es una pasión que llevó a la humanidad a la destrucción, y si prefieren la destrucción… Yo no la prefiero, pero si otros la prefieren me parece genial.

-No lo dice en serio. 
-Claro que sí. Yo lo que querría saber es eso. Porque es un caso único, a mí me lo dicen en todo el mundo. ¡Son veintiséis años! Contra una persona que no se manda la parte, contra una persona que acompañó durante años, con humor, y que fue amada por un hombre y merece un poco de respeto.

-Siempre dice que las críticas hacia usted son, en el fondo, críticas a Borges. 
-Exactamente. ¿Qué es lo que no se bancan? Lo que está a la vista. Poder hacer lo que quisieran con su obra. Decir que era un infeliz, un desgraciado, que nadie lo quiso. No es así. Lo lamento, pero no fue así. Lo lamento por ellos, no por Borges y por mí, que vivimos una vida fascinante. Y eso es lo que envidian y codician. Y yo [a Borges] lo tuve, lo tengo y lo voy a tener hasta el día del juicio final. Y ellos, nada. Solamente el resentimiento y la vileza.

-Una última pregunta. Este guardián en el que se ha transformado usted… 
-No soy un guardián. Según tu concepto soy guardián. Según mi concepto cumplo con un deber terrible. Son dos cosas diferentes, ¿eh?

-Entiendo. Este deber, entonces, que usted cumple. ¿Hasta cuándo lo va a poder hacer? ¿Hay previsiones sobre qué va a ocurrir con la obra de Borges de acá a 20, 30 o 40 años? 
-Eso es una historia mía, personal, que no tengo por qué decir.

-Quedará en buenas manos. 
-Mejores que las mías. Así que quédense muy tranquilos..

Aún furiosa por las revelaciones vertidas en Borges, la viuda del autor de El aleph se defiende desde Nueva York de las críticas a su férrea y polémica protección de la obra de su esposo

Por Hernán Iglesias Illa  | Para LA NACION

vanguardiacosmica
vanguardiacosmica:

«En 1964, Borges veraneaba en lo de los Bioy en Mar del Plata; yo también pasaba allí unos días. La casa es vecina de la de Victoria, quien acababa de volver de Londres entusiasmadísima con los Beatles. Tal era su fervor por el conjunto que se trajo el primer disco, que acababan de grabar, y una peluca idéntica a la cabeza de John Lennon. Nos había invitado a comer a Borges, a Adolfito [Bioy Casares], a Silvina y a mí junto con otras personas, sólo para hacernos escuchar después el disco… el entusiasmo de Victoria la llevó a pedirle a Borges que se probara la peluca; él se negó con pasión. Después de un tira y afloja en que las voces de ambos se elevaron varios decibeles por encima de lo normal, ella, muy enojada, le dijo: “Usted, che, con lo empacado que es, nunca va a llegar a nada”
Vázquez, María Esther (1991). Victoria Ocampo. Argentina: Planeta.

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«En 1964, Borges veraneaba en lo de los Bioy en Mar del Plata; yo también pasaba allí unos días. La casa es vecina de la de Victoria, quien acababa de volver de Londres entusiasmadísima con los Beatles. Tal era su fervor por el conjunto que se trajo el primer disco, que acababan de grabar, y una peluca idéntica a la cabeza de John Lennon. Nos había invitado a comer a Borges, a Adolfito [Bioy Casares], a Silvina y a mí junto con otras personas, sólo para hacernos escuchar después el disco… el entusiasmo de Victoria la llevó a pedirle a Borges que se probara la peluca; él se negó con pasión. Después de un tira y afloja en que las voces de ambos se elevaron varios decibeles por encima de lo normal, ella, muy enojada, le dijo: “Usted, che, con lo empacado que es, nunca va a llegar a nada”

Vázquez, María Esther (1991). Victoria Ocampo. Argentina: Planeta.